El Ayuntamiento de Herrera  ha trasladado sus condolencias a la familia de Pedro Moreno Moreno, un herrereño que ha llevado con orgullo el nombre de su pueblo por escenarios nacionales e internacionales. Tal fue su éxito en la capital francesa, que una revista títuló “París a los pies de Violeta la Burra”.

“Hasta hace unos días, Pedro seguía en la palestra. Incansable artista que conquistó al público de medio mundo, codeandose con lo más selecto de la noche: intelectuales, artistas, fotógrafos de renombre, entre otros”.

Hay que recalcar, que Pedro Moreno Moreno, recibió propuestas del ayuntamiento de Herrera, tanto del anterior gobierno como del actual, para que actuara en su pueblo y para su público. Sin embargo, la respuesta era siempre la misma “algún día lo haremos”.

El Ayuntamiento ha encargado una corona de flores en reconocimiento a la trayectoria profesional de Pedro Moreno Moreno.

El sepelio se celebrará hoy jueves a las 17 horas en la Parroquia de Santiago El Mayor, de Herrera.

D. E. P.

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Entre los artículos dedicados a la vida de Pedro Moreno, compartimos el siguiente:

De ella escribió Umbral que era Andalucía, mitad burra de carga, mitad violeta de Juan Ramón Jiménez. Voz rasgada por la noche del Paralelo, vida con que ilumina sus identitarias hortalizas y butifarras, a modo de diademas o de collares sobre el pecho sevillano, escarnio de un orden imposible: la madre amantísima quiso una niña y le salió Violeta, Pedro de día, artista de noche. O como dice ella: Violeta de arriba, Pedro de abajo.

Conoció el éxito en el Teatro Arnau, mundo del que ya nada queda, excepto Ella, misterio barcelonés. Soy la noche, llegó a afirmar. Jaca negra, luna roja.

Después de eso, subió a Enrique Granados, donde vive y, nocturna, canta coplas, canciones de su sello y vende flores.

Famosa en esta calle cual aquella Moños de la Rambla, que un amor equivocado enloqueció. Por las mañanas la encuentro comprando verdura, sin peluca ni maquillaje, verbo invariable.

El transformismo suyo es un sur desproporcionado, Violeta del cachondeo y la provocación inocua, el salero subido de tono. Cena algo en Paco Meralgo o en La Moderna, donde la conocen y estiman. Vende rosas en el Dry Martini, ¡antes qué buena clientela!, se lamenta: aquellos señores espléndidos con sus queridas, tras la cortina de terciopelo que separaba ambos mundos, el de la luz pueril y el de las gratas tinieblas.

Ha grabado discos, algunos autofinanciados, por los que desfilan Cristiano Ronaldo, un butanero, Paquito nardos y su poesía barcelonesa: salchichón, salchichón; maricón, maricón, ay que ver lo que tengo que hacer pa comer.

Estuvo unos años en París, pero la madre enfermó y ella lo dejó todo para venir a cuidarla, a Sevilla, donde conserva casa en un pueblo blanco.

En el Dry Martini, sus rosas beben de una botella de tónica que le proporciona Ceferino, inmaculado camarero de rizado bigote. Frecuenta también la coctelería Solange, antiguo Harrys con piano de cola en torno al cual pasaban esas cosas de la nuit. Bizarría perdida…..

 

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